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¿Qué decimos cuando hablamos de educación? ¿Es posible educar los sentimientos y la sexualidad? ¿Quién debería hacerlo? ¿Una ley garantiza intervenciones eficaces?
Estos y otros interrogantes atraviesan el texto de la mano de Liliana González armando un tejido con hilos teóricos, clínicos e institucionales.
Al igual que en anteriores publicaciones, la autora incluye columnas televisivas en las que intenta acercar a un público heterogéneo y desconocido conceptos y experiencias que promuevan el pensamiento y el debate en las instituciones fundantes: Familia y Escuela.
Infancias y adolescencias en riesgo, jóvenes con severas dificultades para armar un proyecto personal nos hacen pensar en la urgente necesidad de una educación humanizante que colabore a posicionarlos honrando la vida.

El texto intenta:

– Trabajar las vicisitudes del amor y la sexualidad, su construcción en la escena familiar, el rol de la escuela y especialmente las dificultades de pensar en una pedagogía en razón de la no educabilidad del deseo.
– Convocar a los adultos responsables a no soslayar estos temas, a dejarse interpelar por los interrogantes de los hijos-alumnos, superando la falsa idea de que aquello de lo que no se habla no existe.

¿Es posible pensar la educación no dando lugar al despliegue del amor y de una sexualidad placentera y responsable?